¿De verdad vale lo que vale?

Cuando quieres ser fotógrafo 'de verdad' y aterrizas en el mundo profesional, la primera duda que te asalta es: ¿cuánto cobrar por mis sesiones?

Buscas precios de otros fotógrafos, descargas tarifas que en teoría están reguladas, consultas en asociaciones, etc y al final, haces una media, calculas tus gastos y estableces un precio. Ya está, crees que lo tienes resuelto, pero no es así. Ni has empezado.

Un posible cliente se pone en contacto contigo, te pide un presupuesto, le das el precio que tanto te ha costado calcular y su respuesta, algunas veces, es: ¿Tanto? Si yo sólo quiero cuatro fotos.

Desde el lado del consumidor entiendo que, si pides precio para hacer 'cuatro fotos', una cifra de 200 euros (por decir algo) para una sesión familiar, te puede parecer excesivo. Claro, calculas y ves que la foto te sale a 50 €, cuando en cualquier tienda introduces un CD o un pendrive y te cuesta 2 €, imprimes tu foto al momento y te vas tan feliz con ella a enseñársela a los abuelos. 

¿Dónde está la diferencia? Vamos a ver lo que puede tardar un fotógrafo en hacer 'cuatro fotos':

- 30-40 minutos es lo que tardas aproximadamente en responder un mail en el que te piden información. Desgranas lo que el cliente te está solicitando, adaptas un presupuesto, lo guardas y se lo envías por mail.
- 1-2 horas es lo que sueles invertir en preparar la sesión, equipo, buscar localizaciones y, si la inspiración está bajo mínimos (no conozco a ningún Picasso ni Miró en fotografía todavía y que sea mortal), consultas libros, webs y todo lo que tengas a mano de fotografía. Anotas en tu libreta las fotografías que no quieres dejar de hacer y dibujas algunas poses (la mía está llena de garabatos que sólo entiendo yo).
- Entre 20-40 minutos es lo que tardas en desplazarte al lugar donde has quedado con tu cliente si la sesión es en exterior.
- Tras 10-15 minutos de preparación, empiezas la sesión que durará entre 1 hora y hora y media, si no se alarga más. Esto no vale para recién nacidos, cuyas sesiones pueden durar entre 3 y 4 horas.Y ya no hablamos de las bodas, en las que todo se multiplica por 10.
- Tardas entre 20-40 minutos para volver a casa.
- Descargas la tarjeta de memoria en el ordenador y haces una copia de seguridad. Mientras tanto pones una lavadora, te tomas un café y revisas el correo porque puedes tardar aproximadamente unos 30 minutos.
- Seleccionas las fotos que te parecen correctas y eliminas, en un primer visionado, las que ya ves que han salido mal (desenfocadas, trepidadas, ojos cerrados, caras desencajadas, etc, porque no eres mago y no lo haces todo perfecto). Tras esta hora u hora y media, dejas reposar un poco las fotos para volver al ataque más tarde.
- Tras un segundo visionado ya has elegido, de las 200 fotos, las 20-30 mejores, y empiezas a editarlas. Cuando has terminado ya es la hora de la cena porque han pasado 5 horas.
- Con las fotos editadas, las subes a una galería para que tu cliente pueda escoger las que más le gusten, o según lo que hayas acordado, las grabarás en un CD, harás una carátula y lo meterás en un sobre para enviar o entregar en mano. Lo que suma 30-40 minutos más.
- Si visionas o entregas las fotos en mano, debes contar con una hora y media o dos para estar con el cliente delante del ordenador o del iPad porque, como le gustan todas, no se decide por 10 para imprimir.

Si sumamos todo este tiempo nos damos cuenta que el fotógrafo invierte, como mínimo, un total aproximado de 12 horas en tu sesión familiar. Esto sin contar que el cliente solicite álbum, por lo que habrá que maquetar y enviar el álbum a imprimir, por lo que podemos sumar tranquilamente 4 horas más.

Si ahora, en vez de calcular el precio por 'cuatro fotos', lo calculamos por tiempo, ¡sorpresa!, estamos pagando al fotógrafo entre 12 y 13 €/hora. Mi canguro las cobra a 20. Un tiempo que sólo te dedica a ti para hacerte fotos exclusivas y que vas a guardar para toda la vida.

¿Sabes cuántos fotógrafos firmaríamos para que te casaras un miércoles a las 11 de la mañana? Pero las bodas son en sábado o en domingo, y ahí estamos, además con ayudante, mientras nuestra familia está en el cine o paseando, y pensando que, mañana lunes, tenemos que seguir trabajando. 

Pero además de este tiempo, hay que tener en cuenta el coste que le supone al fotógrafo la sesión familiar (por ejemplo). Si es profesional, será por algo, y es por estos motivos:

- El fotógrafo profesional invierte tiempo y dinero en formación. De ese modo tus fotos no estarán mal enfocadas, quemadas, trepidadas, movidas, mal compuestas y, además, serán originales. Por eso te gustan tanto.
- El fotógrafo profesional tiene un equipo profesional. Eso quiere decir que su cámara habrá costado como mínimo 2000 €, y además tiene dos por si una falla. Y los objetivos que usa no son los que vienen en las ofertas de pack. Sus objetivos son de gama alta y cualquiera de ellos cuesta entre 1000 y 1500 euros, algunos hasta más, y suele tener de distintas focales para poder captarte tanto de cerca como a 300 metros.
- Para poder entregarte fotos bonitas, con colores brillantes, luz de atardecer dorada, una cara sin granos y dientes blanquitos, el fotógrafo profesional utiliza un programa de edición que le supone un coste de alrededor de 1500 euros sin contar con las actualizaciones de nuevas versiones para estar a la última. 
- El fotógrafo profesional paga autónomos cada mes, IVA e IRPF. Además del % de beneficios, si tiene la suerte de tenerlos. Y si tiene ayudantes contratados deberá cumplir con la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, por lo que le supondrá un gasto fijo anual, además de formación en este aspecto, de sus trabajadores.
- Además, el fotógrafo profesional, tiene que tener un seguro de responsabilidad civil, y aquí no existe Linea Directa ni ningún teléfono rojo 900 al cual llamar para la mejor oferta.
- Si dispone de estudio, tendrá que pagar alquiler o hipoteca, IBI, gastos de comunidad, gastos como luz y agua, internet, teléfono, seguro, etc (lo mismo que cualquier cliente paga en su casa). Y, como es normal, tendrá que invertir en material para tener un estudio cómodo, práctico y con las herramientas necesarias para poder trabajar (luces, fondos, flashes, suelos y una variedad de artículos - ahora se llaman props - para poder dar un buen servicio).
-Y claro, si tiene que trasladarse a hacer tu sesión, tendrá que usar su vehículo del que paga seguro, revisiones, reparaciones y pasa la ITV cada vez que le toca. Sin contar que, lo más seguro, tenga que dejarlo en un parking o en zona azul.
- Además, para que puedas ver su trabajo, tendrá una página web en condiciones de la que pagará mantenimiento mensual o anual, además del dominio .com, .es, .net o .loquesea.
- Y con todo esto, tú le has dado al fotógrafo tu nombre, NIF, dirección, teléfono... y ¿sabes qué? el fotógrafo profesional protege tus datos en un fichero registrado en la Agencia Estatal de Protección de Datos, cumpliendo la LOPD.  Para poder hacerlo ha tenido que contratar un gestor o un abogado que registrará estos ficheros y, al terminar, le pasará la minuta.
- Y, para terminar, es posible que hayas conocido al fotógrafo a través de una publicación, un anuncio en una web, una revista, un anuncio en el periódico o un cartel en la parada del autobús. Por lo que el fotógrafo estará pagando por esta publicidad.

Está claro que no va a repercutir el 100% de los gastos en una sola sesión, pero si calculamos las sesiones que un fotógrafo normal pueda tener al mes o al año, estoy segura de que el precio por las 'cuatro fotos' ya se aproximaría a los 2 € que has pagado en la que te han impreso en cualquier máquina de la tienda del barrio o del centro comercial.

Así que, ¿de verdad vale lo que vale?

Y todo este rollo no es para criticar al cliente, ni muchísimo menos. Como he dicho al principio, si yo fuera uno de ellos y desconociera por completo este mundo, también se me pondrían los ojos como platos al abrir el presupuesto. Pensaría: pero si sólo tiene que hacer click y con ese camarón que lleva, las fotos salen solas! Piense que, Sr. Cliente, cuando le dicen lo rica que le ha salido la tortilla de patatas, le están valorando a usted y a sus dotes culinarios, no a su súper cocina última generación con pirólisis y vitrocerámica a propulsión de neutrones.

El problema está, creo yo, en la desinformación y, sobre todo, en el daño que hacen otros fotógrafos que se dicen profesionales pero que, ni invierten en formación, o han hecho un taller (ahora workshop) y ya lo saben todo (eso creen), ni otras muchas cosas. Estos 'fotógrafos' no suelen usar equipo profesional, ni pagan autónomos, ni IVA, ni tienen un estudio y ni mucho menos un seguro que les cubra (y te cubra a ti) ante cualquier incidente.

Así que, señores clientes, desde este humilde blog, permitan a esta sencilla fotógrafa darles un consejo: cuando contraten a un fotógrafo asegúrense de que es un fotógrafo de verdad. Si no lo es, le pagan por sus baratos servicios y el resultado no les gusta o no les convence, pregúntense entonces porqué. Y siento mucho decirles que no podrán reclamar en ningún sitio, porque por no tener, no tiene ni hoja de reclamaciones.

¿De verdad vale lo que vale? A mí me encanta cuando un cliente me llama y me dice: las fotos son la envidia de la oficina, nada que ver con las que le hizo a una compañera el primo del vecino del cuñado del quinto.

No voy a entrar en precios bajos que pueden ofrecer fotógrafos profesionales, porque todos podemos hacer ofertas puntuales en algún momento. Y quien las mantiene, sus números habrá hecho, aunque dudo que, con precios fuera de mercado, un negocio así se pueda sostener mucho tiempo. Tendrá, posiblemente, muchos clientes al principio, pero a la larga terminará, posiblemente también, viendo que no le compensa.

Está claro que nadie trabaja perfectamente y que podemos encontrarnos con clientes que no les guste el resultado final o que no sea lo esperado, por muy profesionales que seamos. La fotografía no es 2+2 y no somos robots, ni hace sol cuando queremos y llueve cuando menos lo esperamos, pero es importante que nuestros clientes sepan que somos educados, que trabajamos bien y dentro de la legalidad, y que nuestro trabajo tiene un precio que lo vale. Si uno quiere un utilitario y le da igual la estética, seguramente con un Seat Panda irá servido. Pero si es un poco exigente, le gusta una buena línea, quiere un buen motor y además buenas prestaciones, seguro que un BMW está entre sus opciones. Cuando un cliente elige a un fotógrafo, y no a otro, por su trabajo, es como si entrara en un concesionario de gama alta y debe, o debería, ser consciente de ello. Todo tiene un porqué y, por eso, vale lo que vale.

Fisioterapeuta para curar contracturas a cargo del fotógrafo.